El ACTO DE COMER JUNTOS (Capitulo 1)

Este proyecto nace de la nostalgia y la memoria. Surge a partir de los recuerdos de mi infancia en la casa de mi abuela, donde la

comida y las reuniones familiares eran un gesto cotidiano pero profundamente significativo. En mi memoria, esos momentos marcaron

mi manera de entender el afecto, la unión y la pertenencia.

Las piezas que conforman esta instalación —mesa, textiles, cerámicas y otras obras— parten de la idea de que cada objeto guarda un

recuerdo. Son fragmentos de algo que quedó: lo que habitó la mesa, lo que se compartió, lo que se perdió. Cuando las cosas

terminan, lo que permanece son los recuerdos, y estos objetos funcionan como portadores de tiempo, afecto y experiencia. Al entrar

en el espacio, el público se convierte también en parte de la instalación, activando un entorno doméstico que dialoga entre lo íntimo y

lo colectivo.

La cerámica se relaciona con otros materiales y formatos, generando conexiones y tensiones entre lo cotidiano y lo simbólico. El audio

que acompaña la instalación —donde se narran recetas del libro de mi abuela— expande la memoria personal hacia una posible

memoria colectiva, evocando tradiciones, gestos y rituales que atraviesan la identidad latina.

Hablar de mi abuela es hablar de la familia, y hablar de la familia es hablar de comunidad. En muchas culturas latinoamericanas, la

mesa y la comida son un símbolo de unión, afecto y bienvenida. Invitar a alguien a la casa, ofrecer algo de comer o de beber, es un

acto profundamente amoroso: un gesto que dice “eres bienvenido”.

En mi historia familiar, ese espacio se fue desvaneciendo con el tiempo. La ausencia de mi abuela dejó mesas más pequeñas,

reuniones que se apagaron, una casa que poco a poco quedó vacía. Sin embargo, el acto de comer juntos continuó en otros lugares,

con otras personas: amistades que se volvieron familia, encuentros íntimos en los que el afecto se reconstruyó.

Hoy reconozco la importancia de volver a esos espacios, especialmente en un mundo cada vez más dividido. El acto de comer juntos

—tan simple, tan hermoso— se convierte en un lenguaje universal de cuidado y de comunidad. Esta obra es un intento de honrar esa

memoria y de celebrar la posibilidad de compartir, recordar y crear nuevos vínculos alrededor de la mesa.